Por que chillan las fajas del motor

Por que chillan las fajas del motor
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El encendido por las mañanas o un giro brusco del volante a veces viene acompañado de un ruido ensordecedor y agudo debajo del capó. Este molesto "chillido" es un síntoma claro de que algo anda mal en el sistema de transmisión de accesorios.

Ignorar esta alerta no solo resulta incómodo, sino que puede terminar en la rotura de la faja, dejándote sin alternador, sin dirección hidráulica y provocando un peligroso sobrecalentamiento del motor. En este artículo técnico, analizaremos las causas principales detrás de este ruido y cómo solucionarlo de raíz utilizando la ingeniería de calidad original (OEM).

Las 4 causas principales del chillido en las fajas

1

Pérdida de tensión o elongación

Con los años y los kilómetros recorridos, el caucho convencional cede y se estira. Cuando la faja pierde la tensión correcta requerida por el fabricante, patina sobre la polea en lugar de girar de forma solidaria con ella. Ese deslizamiento a altas revoluciones produce la fricción térmica causante del chillido agudo.

2

Desalineación de las poleas

Si el alternador, la bomba de agua o el compresor del aire acondicionado fueron desmontados recientemente y quedaron desalineados aunque sea por un milímetro, la faja ingresará torcida a los canales de la polea. El rozamiento forzado de los flancos laterales genera un chirrido constante que destruye los bordes del componente de forma acelerada.

3

Resequedad y cristalización del caucho

La exposición continua al calor extremo bajo el capó altera las propiedades químicas de las fajas de baja calidad. El caucho se endurece, pierde su propiedad elástica y se "cristaliza" (se vuelve liso y brillante como el vidrio). Al perder agarre, la faja resbala ante cualquier demanda de energía, como al encender las luces altas o el aire acondicionado.

4

Contaminación por fluidos
(Aceite o Refrigerante)

Una fuga pequeña por el retén del cigüeñal o una manguera de refrigerante floja puede salpicar directamente la transmisión. Los lubricantes eliminan por completo la fricción necesaria para mover las poleas, mientras que el refrigerante dulce se cristaliza creando una capa pastosa que provoca ruidos intermitentes muy difíciles de quitar.